Según Helena Beristáin, la disforia “es un ambiente o estado de ánimo negativo, de pesimismo, descontento, desdichado, desesperado, que se configura en los personajes de una obra literaria”. Así, la disforia temporal sería toda esa aura de maldad pero disuelta en el tiempo. Sería algo así como el periodo en el que todo se trastoca y se pervierte; el tiempo en el que los entes de la obra literaria descienden de lo divino a lo terrenal, donde finalmente terminan encontrando la muerte y entonces la eternidad. Es interesante este concepto porque puede aplicarse con todos sus motivos a la vida que desarrolla un ser humano. Contrario a cuando nos encontramos eufóricos, el estado disfórico nos transforma y nos condena a la tristeza, nos hace estar en la “línea fronteriza, o borderline, de nuestro estado anímico.
El cuento que analizo para la tesis es disfórico, y se dice que el hermeneuta o el analista descubre su tradición y la autoridad de su experiencia en el texto literario. No quiero pensar en que me encuentro en un estado pesimista, pero no estoy alejada del descontento y la decepción. El tiempo en el que me muevo pareciera ser lineal, y no creo que me lleve hacia ningún acto divino, más bien me sacude en la tierra y me acerca a la mortandad. Sin embargo, es en el estado mortuorio donde encuentro mi fortaleza. Es decir, pensar en que la vida se puede acabar me hace despertar del letargo y recordar mi más grande deseo: irme de esta magra ciudad. Y entonces me sacudo las rodillas, me desprendo de la disforia y me encadeno a los sueños. Así es como me pongo a trabajar, recordado dónde quiero estar: lejos, muy lejos, tanto que quizá para algunos me volvería invisible para siempre.
El punto es que a pesar del disforismo existe la alternativa. Los personajes literarios están unidos a la historia que la instancia narrativa ha creado para ellos. Nosotros apenas estamos en las primeras palabras de lo que podría ser el destino, el cuento, el soliloquio, la gran obra de teatro o la ilustrativa fábula de nuestra propia eternidad.
8 Injurias:
Hay que tener sueños, sino como seguimos adelante y la narrativa la vamos escribiendo nosotros, no?
Me parece una bonita palabra.
¿Cómo es posible que todo este tiempo no conociera esta palabra, este concepto?
Si existe la euforia forzosamente tenía que existir la disforia.
A mí, más que línea, la vida me parece un péndulo...
Y personal y egoístamente, no me gustaría que te fueras...
Mi querido 1rtista: estoy de acuerdo, los sueños son los cimientos del destino, son las líneas guía que trazan el libro de nuestras vidas. Siento que la narrativa de nuestro camino no la escribimos nosotros, de alguna manera creo en el destino, en ese que está predispuesto por una mano demiurgica; sin embargo, creo que podemos elegir nuestros caminos y nuestras palabras para plantear la ruta hacia ese destino, lo importante, creo yo, es no dejar de soñar, de trabajar en el deseo. Esa es la fuerza de nuestras distintas narraciones.
Mi querida Herminia... tienes razón, es una palabra hermosa, aunque su primera connotación sea el pesimismo y la negatividad. Esla magia de las palabras!
Mi querida Lady Mondegreen: la disforia existe, la disforia temporal es, creo yo, un invento que se acomodó para mi tesis, es la negatividad en el tiempo literario, algo que Guadalupe Dueñas creo tiene en la mayoría de sus narraciones: un tiempo enrarecido.
Entiendo que no te gustaría que me fuera, también te extrañaría. Pero es un hecho, hay que seguir el camino del destino y mi destino no está aquí, en esta horrenda ciudad.
A mi no me parece tan horrenda, y tampoco entiendo ese afán de partir, siempre partir, de siempre estar lejos, ¿es algo así como el "sueño americano"? En fin, suerte con tus proyectos!
Mi querida Herminia: Como dices, la ciudad no está horrenda, es sólo una hipérbole que en lo particular se acomoda a mi visión. No me gusta esta ciudad para vivir, yo quisiera un lugar más tranquilo, es todo. Respecto del afán de partir, no es un sueño americano, es simplemente mi sueño, yo quiero irme a estudiar a otro país y vivir por largo tiempo en otro lugar. Usted sabe más que nadie de los sueños y su materia, usted los manipula en su poesía. Supongo que los sueños no se deben entender sino construirlos para poder, después, vivirlos.
El unico sueño, el definitivo, se escapa, precisamente, por su realidad. Para los que no comparten la sensacion del abismo, o el aire del ala; es clara presencia, solo lo obio, lo emergente es comprensible, solo su mundo es habitable, solo eso es. ¿Como hablarles de lo invisible? Diria mi amigo frances, el floricultor:"Aqui ocurre mi frustración, la de no poder compartir mi riqueza."
Publicar un comentario en la entrada