Hay una canción de Los Fabulosos que se llama Mal bicho. Es “un canto de paz”. Por lo tanto no habla precisamente de un mal bicho, es decir, literalmente. Un mal bicho a la usanza mexicana es una ínfima cucaracha, por ejemplo, y entonces expresar que uno “se siente como cucaracha” tiene distintas connotaciones: te sientes peor-es-nada, te sientes como que miserable, pequeñito, universalmente maltrecho, como un insecto rastrero… un mal bicho (o una chinche). Lejos de las situaciones planteadas por Kaka, sentirte como un insecto por las mañanas no es precisamente un logro literario; no. Sentirte un mal bicho implica que el mundo también es una miniatura de la cual es difícil escapar; es ver todas tus posibilidades sobre la mesa y observar que ninguna es viable hasta que tomes decisiones libertarias y reconozcas cuál es tu medida en el universo. Ahora bien, nadie en el mundo puede levantar la mano y decir que jamás en su vida se ha sentido como una cucaracha. Todos han pasado por la mala racha, por el mal rato, por la vergüenza de verse ante el espejo y mirar, sobre del hombre izquierdo, la imagen terrible de un ser que no sabe quién es. Y es así que me he sentido en estos días: como un ente kafkiano. Y es desesperante, algo triste, y sin duda solitario, ya que las únicas reflexiones posibles son las de uno mismo. Encarar la realidad, cuando uno está por cumplir 30 años, en estos casos es desalentador. Es un círculo cuadrado. Un gran problema. El camino al drama y a la depresión. Te miras los zapatos y tienes atadas, por tus circunstancias, las agujetas. No hay salida. Sin embargo, sentirte un mal bicho te pone en perspectiva: algo sin duda no está bien, algo en tu vida no funciona, no te gusta. Con estos datos, si eres lo suficientemente consciente para salir del estado cucarachil, se puede lograr algo bueno. Estoy en ese estado, en el de entablar relación con lo que soy y con lo que en verdad busco. Atender las acciones es lo complicado. No es tan fácil perder el crédito de un coche, abandonar el trabajo estable, despedirte de los amigos, los padres, el hermano; no es sencillo terminar de pagar deudas, cancelar tarjetas, dejar la casa, irte del país… eso de ser como Alejandro Supertramp no se me da. ¿Finalmente, un mal bicho sueña?, ¿puede pelear?, ¿puede enfrentarse al destino? y ¿puede nunca en su vida haber ido a Praga?
Los libros, la lectura y el Estado venezolano
Hace 4 horas




3 Injurias:
Pues sí, todos en su momento nos hemos sentido o nos sentimos como cucarachas.
Pero no le aunque, porque por muy cucaracha que se sea uno siempre persiste, sobrevive... como las cucarachas.
Un abrazo fuerte, y creo que lo que a usted le falta es una buena dosis de su cuarto propio.
Cierto... necesito adentrarme a mi cuarto propio mi querida Lady Mondegreen, gracias por el abrazo, siempre por las palabras y que ¡viva Kafka!
El chiste está en aprender a ser cucaracha para después mutar; no creo que uno sea siempre una cuca... creo que se trata del sólo por hoy seré una cuca, para entonces convertirse en algo más que mariposa. Abrazos.
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