No sé si te lo han dicho,
pero el amanecer de tus pájaros
despierta a la tierra para que siembre árboles,
para que riegue con su luz al cosmos
y a los jardines colgantes de ciudades eternas.
Es probable que no lo sepas, que no me conozcas,
que no me imagines,
pero yo cada luna alta espero el canto
de las ballenas que emergen,
para no morirse,
de tus sueños.
Yo, a cada rato, alzo la mirada para verte,
para detrás de la barda infantil
prender mis ojos en tu pelo,
como si fueran las estrellas vigilantes de tus pensamientos.
No sé si te lo han dicho,
seguro es cierto que uno que otro ha puesto
sobre tu rostro el llanto y la extrañeza
para robarte el gesto y la sonrisa…
pero también es cierto que tú callas como una niña
que lejana duerme en una torre,
mientras viejos monstruos
se alimentan de sus zapatos
debajo de la cama.
Tal vez lo sepas, no lo sé,
pero ahora que la muerte ronda el edificio,
que el viento cae de la azotea,
como un suicida en sábanas blancas,
he de decirte cómo cada mañana
enciendo mi voz para entregarte
una palabra que derrumbe tu alma,
una razón para que no te vayas,
para que no te pierdas al vuelo,
como una hilera de fantasmas
de esos que deambulan en las esquinas
de los parques tristes.
Angélica Maciel
Los libros, la lectura y el Estado venezolano
Hace 4 horas




4 Injurias:
el poema es genial, fluye con una elegancia y me atrapa.
Bellísimas imágenes amiga
Me gustó amiga. Me gustó.
Me encanta la naturalidad, la sencillez, su tierna contundencia.
Es cierto, muy elegante. Ahh leer esto con la lluvia atrás...
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