Vallem nescire litteras

27 de junio de 2009

De finales y otros tigres

Desde que leí El tigre en la casa, de Eduardo Lizalde, veo tigres en el quicio de las puertas. Veo rayas en los mosaicos de la pared; escucho tremendos ruigidos a través del cristal de la vitrina. Finalmente los tigres de mi mente se soltaron y dejaron sus huellas por toda la casa. La cuestión de estos enormes felinos, es que en su grandeza esconden parte del mar, y que, como las tortugas, guardan entre su cuerpo parte de la trascripción del universo... también dirigen el final de los hombres. Hoy mis finales son demasiados. Hoy, por ejemplo, es una tarde de paz después de lidiar toda la semana con erratas; después de pelear todo el mes con el último semestre de la maestría; después de entrar en lucha conmigo misma por más de un año. Hoy el tigre todo lo acomoda. De la cama a la cocina ha dejado sus pelos, pero también el oleaje en el aire de su cola, su sabiduría, su plenitud. Mis finales van desde lo más inútil como cumplir un año sin fumar, bajar tres kilos y volver a tener tiempo para lo que me plazca por las tardes, hasta los que son más orgullosos: terminar el posgrado, haber terminado la tesis, tener paz emocional... Sin embargo, el último final (valga la redundancia) es donde la garra del tigre ha puesto su empeño: la presentación de Viento versal. Esto, después de casi ocho años de escritura, por fin va a emitir rugido, de esos que rompen ya no sólo cristales, sino almas enteras. Yo pretendo que los finales en mi vida sean comienzos de otras cosas, sean el inicio de expresar gratitud por lo recibido, por lo que no ha llegado, por los sueños. Espero, sin lugar a dudas, que el último tigre de mi vida aún no tenga colmillo, y sea inocente cachorro, ingenuo de todas las muertes.

3 Injurias:

silvestre dijo...

Comencé a leer tu relato cuando iniciaba en mi ordenador "All the things you are"
con The modern Jazz Quartet. Y la música y los escalones de tu escalera tigresca (?) me fueron llevando suavemente hasta ese pedazo de alma que ahora nos compartes. Gracias y Felicidades.

1rtista dijo...

por mi experiencia los fines siempre son un comienzo, pero un tigre sin colmillos? sin los colmillos no hay temor que ocupe el animo y nos fuerze a crecer o perecer. sin conflicto no hay evolucion.
muy bella letra.

Nom Bauten dijo...

Si tan solo la palabra tigre fuera suficiente para hacerlo nacer, andar, morder, ser mundo... Bendito el que vive en un mundo de palabras y no en un mundo de cosas.